El decreto que establece el 2 de febrero como “Día Nacional de la Reconciliación y la Paz” en Nicaragua, en homenaje al centenario del nacimiento del Cardenal Miguel Obando y Bravo, constituye una maniobra simbólica del régimen Ortega-Murillo para proyectar una imagen de armonía con la Iglesia Católica, mientras persiste una política sistemática de persecución religiosa.
📘 Contexto histórico y político del Cardenal Obando y Bravo
Miguel Obando y Bravo fue una figura central en la historia política y religiosa de Nicaragua. Nombrado cardenal por el Papa Juan Pablo II en 1985, se convirtió en el primer purpurado de Centroamérica. Su papel como mediador entre el régimen de Somoza y el Frente Sandinista en los años 70, y su posterior oposición al sandinismo en los años 80, lo consolidaron como un referente moral nacional.
Sin embargo, su giro político en 2005 —cuando ofició el matrimonio eclesiástico de Daniel Ortega y Rosario Murillo— marcó el inicio de una alianza estratégica con el poder. Desde entonces, Obando presidió la Comisión de Verificación, Reconciliación y Paz, generando tensiones dentro de la Conferencia Episcopal.
📜 El Decreto del 2 de febrero de 2026
La Ley N.º 1272, publicada en La Gaceta el 20 de enero de 2026, declara el 2 de febrero como feriado nacional obligatorio, bajo el título de “Día Nacional de la Reconciliación y la Paz”, en honor al legado del Cardenal Obando y Bravo. Esta medida fue oficializada por el Ministerio del Trabajo y se enmarca en una serie de nuevas fechas conmemorativas promovidas por el Ejecutivo.
⚠️ Contradicciones entre el discurso oficial y la realidad religiosa
El homenaje al Cardenal ocurre en un contexto de creciente represión contra la Iglesia Católica:
Prohibición de procesiones religiosas en todo el país desde 2022.
Confiscación de bienes pertenecientes a diócesis, universidades católicas y congregaciones.
Expulsión y encarcelamiento de sacerdotes y obispos, incluyendo el caso de Monseñor Rolando Álvarez, condenado a más de 26 años de prisión por negarse al exilio forzado.
Cierre de medios religiosos y vigilancia sobre actividades pastorales.
Estas acciones contradicen abiertamente el espíritu de reconciliación que el decreto pretende promover.
🎯Estratégia y el uso simbólico
Desde una perspectiva académica, el decreto puede interpretarse como una estrategia de manipulación simbólica con tres objetivos principales:
Legitimación interna: Reivindicar una “Iglesia del pasado” que fue funcional al poder, para deslegitimar a la jerarquía actual que denuncia violaciones a los derechos humanos.
Proyección internacional: Simular voluntad de diálogo y apertura ante organismos internacionales y el Vaticano, sin modificar las condiciones represivas.
Control narrativo: Reescribir la historia religiosa del país para presentar al régimen como garante de la paz, mientras se criminaliza la fe vivida en libertad.
🎯El cinismo del homenaje y la urgencia de denunciar la persecución
La proclamación del 2 de febrero como “Día Nacional de la Reconciliación y la Paz” no es un acto de respeto hacia la fe ni hacia la memoria del Cardenal Miguel Obando y Bravo. Es una maniobra desesperada del régimen Ortega-Murillo, que —aislado internacionalmente y sin interlocutores legítimos— instrumentaliza la figura de un líder religioso fallecido para maquillar una política sistemática de persecución contra la Iglesia Católica.
Desde Nicaragua Nueva Generación, condenamos enérgicamente esta estrategia de manipulación simbólica, que pretende hacer creer al pueblo que el gobierno aún respeta a la Iglesia, cuando en realidad la reprime, la vigila y la silencia. No hay reconciliación posible mientras se encarcelan obispos, se prohíben procesiones, se confiscan universidades católicas y se obliga al exilio a quienes defienden la verdad.
La contradicción entre el homenaje oficial y la represión cotidiana revela el cinismo de un poder que ya no busca diálogo, sino control. Usar la religión como propaganda, mientras se castiga su práctica libre, es una forma de violencia institucional que debe ser denunciada con firmeza.
La fe no se instrumentaliza. La memoria no se negocia. Y la libertad religiosa no se decreta: se respeta.
***Equipo NNG***
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