Nicaragua Nueva Generacion

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DERECHOS HUMANOS

12/9/26

Mensaje de NNG y Mujeres de Derecha ante la invitacion a participar de la reunion de Grupos de Derecha

 


Mensaje de NNG y Mujeres de Derecha ante la invitacion a participar de la reunion de Grupos de Derecha

Por NNG Y Mujeres de Derecha Independiente.

Ciudadanos legítimos de Nicaragua, hermanos y hermanas de esta nación que hoy duele, pero que jamás se doblega:

Nos dirigimos a ustedes en nombre del grupo Nicaragua Nueva Generación y del Grupo de Mujeres de Derecha Independientes, alzando una voz limpia, firme y serena; una voz que nace de la conciencia, de la esperanza y del profundo amor por nuestra patria. No tenemos más bandera que la de una República soberana, democrática y de derecho, ni más compromiso que el que asumimos ante Dios, ante nuestra nación y ante las futuras generaciones.

Como mujeres nicaragüenses, madres, hijas, hermanas, profesionales, ciudadanas y defensoras de la vida y de la dignidad humana, sabemos que cuando una nación sufre, también sufren sus hogares. Hemos visto lágrimas que no siempre aparecen en los titulares, familias separadas, madres esperando a sus hijos, jóvenes obligados a abandonar su tierra y ciudadanos que han aprendido a vivir con el peso del miedo. Pero también hemos visto algo que ningún régimen puede destruir: La esperanza de un pueblo que sigue creyendo que Nicaragua puede levantarse.

Nuestra fe nos recuerda que la verdad no necesita disfraces y que la justicia no puede edificarse sobre la mentira. Creemos que Dios bendice la verdad, la libertad, la justicia y el servicio al prójimo. Por eso nuestra labor es sagrada en conciencia y transparente en propósito: Informar, aclarar, investigar y despertar conciencias mediante la verdad.

No somos una ONG que mendiga fondos para lucrarse, ni somos la agencia de relaciones públicas de ningún caudillo. No luchamos por privilegios personales ni por cuotas de poder. Luchamos por una patria donde el ciudadano vuelva a ser el verdadero soberano.

Hoy, ante la reunión de cancilleres sobre Nicaragua, la historia nos exige claridad absoluta y nos coloca frente a exigencias fundamentales que debemos plantear con firmeza y responsabilidad:

Primero, debemos continuar exigiendo de manera firme e implacable la aplicación y el estricto cumplimiento de los acuerdos de la XI Cumbre de las Américas. El grupo Nicaragua Nueva Generación formó parte activa de ese proceso, que hoy nos otorga una base legítima y un respaldo internacional para exigir el reconocimiento de la voluntad soberana del pueblo nicaragüense, incluyendo el derecho al voto del ciudadano en el exterior, y para cuestionar formalmente la legitimidad de cualquier régimen que carezca de origen democrático y constitucional.

Segundo, debemos cimentar toda acción nacional e internacional sobre la base jurídica de las sentencias y resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Estas resoluciones deben ser estudiadas, aplicadas y tomadas en cuenta como parte esencial de cualquier proceso destinado a recuperar el Estado de derecho. No puede existir una salida verdadera si se ignora el marco de legalidad internacional ni si se pretende reconstruir la República sobre las mismas estructuras que han destruido el orden constitucional.

Tercero, para la estructuración indispensable de un Gobierno Interino de Transición (GTI), exigimos tres pilares inquebrantables:

Un código de ética estricto, que garantice la integridad moral, la transparencia y el servicio público honesto de quienes conduzcan esta etapa.

Reglas claras y límites firmes al poder, que impidan que la transición sea utilizada para satisfacer ambiciones personales, familiares o de grupos.

Un fin supremo y único: Establecer una democracia constitucional integral que devuelva el poder al verdadero soberano, que es el pueblo de Nicaragua, y garantizar justicia para todas las víctimas.

Y como mujeres sabemos algo que la política muchas veces olvida: Reconstruir una nación también significa reconstruir sus hogares, sanar sus heridas y devolverles esperanza a sus familias. Por eso una nueva Nicaragua debe colocar en el centro la dignidad de la persona, la protección de la familia, la educación, el trabajo digno, la seguridad y la posibilidad de que nuestros hijos puedan crecer libres en la tierra de sus padres.

Asimismo, la visión de Estado nos obliga a mirar más allá del momento actual y planificar con rigor técnico el día después del Gobierno de Transición Interino. Debemos estructurar urgentemente las bases estratégicas en materia de seguridad alimentaria, acceso al agua y soberanía energética, creando las condiciones institucionales necesarias para que Nicaragua pueda ponerse de pie con dignidad.

Queremos una Nicaragua que no vuelva a vivir de rodillas ante ninguna tiranía, pero también una Nicaragua que no responda al odio con más odio. La justicia debe prevalecer, pero la justicia no es venganza. Una nación verdaderamente cristiana y republicana debe saber exigir cuentas, reparar a las víctimas y recuperar lo robado, sin perder el sentido de humanidad ni la responsabilidad moral de construir un futuro distinto.

El error histórico imperdonable —al que decimos con toda nuestra fuerza “¡nunca más!”— sería reciclar y volver a confiar en quienes desde 2011 se prestaron al juego electoral de la farsa dictatorial, o peor aún, en quienes desde 1979 han sido arquitectos, colaboradores o cómplices del ascenso y sostenimiento de estructuras de poder ilegítimas y familiares.

A todos aquellos que hoy pretenden subirse al tren de la transición sin rendir cuentas, les decimos con respeto, pero con absoluta firmeza:

 

"Primero, demuestren verdadera vocación republicana."

Rindan cuentas claras. Respondan ante la justicia. Devuelvan hasta el último centavo que haya sido tomado indebidamente del erario y del sacrificio del pueblo Nicaragüense. Nadie puede pretender conducir la reconstrucción de Nicaragua mientras carga sobre sus hombros cuentas pendientes con la nación.

 

No buscamos sustituir un caudillo por otro.

No buscamos cambiar un grupo de poder por otro.

No buscamos cargos, privilegios ni posiciones.

Buscamos una República.

 

Una República donde la ley esté por encima del gobernante; donde el voto del ciudadano tenga valor; donde las instituciones sirvan al pueblo; donde ninguna familia pueda apropiarse del Estado; donde la verdad no sea delito; donde la justicia alcance a todos; y donde nuestros hijos puedan decir, sin miedo y con orgullo: “Nicaragua es nuestra patria y somos libres.”

A nuestras madres, nuestras jóvenes, nuestras abuelas, nuestras hermanas y a cada mujer nicaragüense que ha llorado en silencio, le decimos: no están solas. Nuestra voz también es la voz de quienes no pudieron hablar. Nuestra fortaleza nace de la fe, pero también del deber. Y nuestra esperanza no es ingenuidad: es la convicción de que, con Dios por delante, con verdad, justicia, unidad y responsabilidad, un pueblo puede levantarse nuevamente.

Que Dios ilumine a Nicaragua, consuele a sus familias, fortalezca a quienes han sufrido y conceda sabiduría a quienes tengan la responsabilidad de conducir esta transición.

Que nunca olvidemos que la libertad es un don que debemos defender, la justicia una obligación que debemos cumplir y la patria una herencia que debemos entregar intacta a nuestros hijos.

Nuestra lucha no es por cargos políticos.

Nuestra lucha es por la vigencia absoluta del Estado de derecho, la institucionalidad democrática y la dignidad de Nicaragua.

República constitucional para vivir.

Orden y justicia para reconstruir.

Fe y esperanza para volver a levantarnos.

Y Dios primero, para que Nicaragua vuelva a ser libre.


Gracias 


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